El Pad Thai es el plato bandera de Tailandia a nivel mundial, pero desafortunadamente también es uno de los más adulterados en los restaurantes de Occidente. Muchos establecimientos recurren a salsas comerciales pesadas o incluso a chorros de kétchup para imitar su color característico. Un sacrilegio absoluto para cualquiera que haya probado la receta de un puesto callejero en Bangkok.

Un origen político inesperado

A pesar de su estatus de clásico, el Pad Thai no nació en tiempos ancestrales, sino en la década de 1930 fruto de un decreto del Primer Ministro de la época. Con el fin de homogeneizar la identidad cultural del país y mitigar la escasez de arroz (promoviendo el consumo de fideos salteados, más económicos de producir), el gobierno distribuyó la receta estandarizada por todo el territorio nacional de Siam.

El secreto innegociable de la salsa artesanal

La excelencia de este plato no depende de los acompañamientos, sino del equilibrio exacto de su salsa agripicante, cocinada a fuego lento uniendo tres ingredientes primordiales:

  • Pulpa concentrada de tamarindo: Entrega una acidez afrutada muy sutil y profunda.
  • Azúcar de palma tailandesa: Otorga una dulzura acaramelada, alejada del dulzor plano del azúcar refinado.
  • Salsa de pescado auténtica: El catalizador del umami salado indispensable.

Esta densa melaza se saltea a fuego vivo en un wok de hierro al lado de fideos de arroz elásticos, dados de tofu, rábano dulce encurtido, huevo, brotes de soja frescos y langostinos, rematando con cacahuetes picados a mano y una cuña de lima fresca lista para exprimir.

Exige la verdad en tu plato. Si estás persiguiendo degustar el mejor Pad Thai de Madrid cocinado al momento en woks tradicionales en los alrededores de **Chamberí**, o te preguntas con urgencia dónde comer Pad Thai en Valencia que respete escrupulosamente los ingredientes originales cerca del vecindario vanguardista de **Ruzafa**, ven a vernos. Notarás la diferencia desde el primer bocado.