Mientras que en Europa los homenajes maternos se concentran en mayo, en Tailandia el amor filial tiene reservada una fecha inamovible en mitad del verano: el 12 de agosto. Esta jornada festiva nacional coincide con el nacimiento de la Reina Madre Sirikit, figura amada con fervor y considerada la madre simbólica de todos los ciudadanos tailandeses.
El aroma blanco de la pureza eterna
Durante los días previos, los mercados flotantes y callejeros se impregnan de una fragancia floral inconfundible. El culpable es el jazmín blanco (Dok Mali), la flor oficial de esta festividad. Los tailandeses la eligieron porque su color blanco inmaculado representa la pureza del amor de una madre, y su capacidad de florecer con constancia durante todo el año emula el carácter incondicional y eterno de los cuidados maternos.
La tradición dicta que los hijos den las gracias arrodillándose ante sus madres para ofrecerles las *Phuang Malai*, sofisticadas guirnaldas circulares trenzadas flor a flor por artesanos locales. A cambio, ellas extienden sus bendiciones para el porvenir de sus hijos.
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